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Cómo es el cristianismo en Japón

01/19/2020

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El cristianismo en Japón

Ya hemos hablado de las religiones principales de Japón, sin embargo, hace falta nombrar el cristianismo que por lejano que fuese, logró entrar al país del sol naciente y adquirió una gran cantidad de seguidores. En un principio la entrada del cristianismo en Japón no generó grandes cambios, pero con el pasar de los años se produjo una serie de persecuciones y matanzas con el fin de erradicar esta doctrina del país.

El cristianismo propició el cierre de las costas de Japón

Además, el cristianismo es uno de los factores que contribuyó al cierre de japón conocido como Sakoku, periodo que duró casi trescientos años. De seguro te estás preguntando cómo ocurrió esto y por qué. ¿Será que la religión fue la razón o existieron otros factores que provocaron la toma de una decisión tan drástica por parte de Japón? Para responder estas preguntas continúa leyendo y sumérgete en otro recorrido histórico que tenemos para ti.

La llegada de los europeos a Oriente

Asia se mantenía aislada del mundo exterior, puesto que no había llegado gente de Europa. En ese entonces Oriente y todo lo que implicaba resultaba un misterio para los occidentales, hasta que se supo que las especias y las sedas eran abundantes en el continente. Durante ese tiempo, estos productos eran sumamente valiosos y gran parte de los países europeos estaban en su busca ya fuese para su comercio o para llevarlos a sus tierras.

Los portugueses llegan a Oriente

Los primeros en llegar a Oriente fueron los portugueses, quienes intentaron establecer relaciones comerciales con China en 1514 las cuales no resultaron bien. Como consecuencia, los chinos describieron a los portugueses como demonios del mar. Es más, la fama de los portugueses decayó aún más cuando compraron niños chinos como esclavos, pues según china, esos niños serían la comida de los portugueses. Así se convencieron de que estaban tratando con devoradores de niños en lugar de comerciantes. Esto lejos de ser un rumor popular, quedó grabado en la historia oficial de la dinastía Ming.

 Ilustración 1 Llegada de los portugueses a China.

Los portugueses se dirigen a Japón

Pese a estos desacuerdos y malos entendidos, China entregó a los portugueses la isla de Macao donde pudieron establecerse. En un principio la isla seguía bajo la jurisdicción de China, pero esta fue cedida a Portugal en 1887. Esta ocupación fue la que permitió a los portugueses desplazarse hacia Japón en 1549. Lo curioso es que no llegó cualquier portugués al país del sol naciente. De hecho, los primeros en llegar fueron los jesuitas, quienes buscaban ya compartir las enseñanzas de Cristo.

Los jesuitas en Japón y la llegada de San Francisco Javier (1506-1552)

La compañía de Jesús se fundó en 1940 y se caracterizó por tener una disciplina marcial y una formación religiosa intensiva. También era famosa por su vigor intelectual y por su amplitud en conocimientos, pues eran eruditos en muchas materias.
jesuitas en Japón

Ilustración 2 Pintura japonesa que ilustra la llegada de los jesuitas a Japón.

En 1549, Francisco Javier, uno de los precursores de la fundación, desembarcó en la isla de Kyūshū. Los japoneses lo recibieron de buena forma y, además, el jesuita de inmediato estrechó lazos con hombres importantes de Kyūshū. Las primeras impresiones fueron buenas por ambas partes. Tanto así que Francisco Javier describió a los japoneses como el mejor pueblo que se había descubierto hasta ese entonces. Por su parte, los japoneses se maravillaron por el orgullo marcial, la autodisciplina y la piedad religiosa que representaba el jesuita. Estos valores calzaban a la perfección con la idiosincrasia de Japón en el siglo XVI.

Los jesuitas y los japoneses: éxito inicial

Las relaciones entre los jesuitas y los japoneses se dieron sin mayores problemas. De hecho, sus religiones congeniaban bastante bien. El cristianismo no sonaba tan ajeno a la realidad japonesa, ya que algunas ceremonias eran similares. Sin embargo, para los jesuitas resultaba difícil explicar la diferencia entre Dios y Buda. Así como también, les era complejo diferenciar el paraíso de la Tierra Pura inculcada por el budismo.

Pese a lo anterior, los europeos continuaron describiendo a los japoneses como el pueblo que más se asemejaba a ellos, por lo que fue posible obviar ciertas discrepancias religiosas. Además, en el aspecto social había muchos valores que causaba admiración en los jesuitas tales como, la cortesía, el decoro, la dignidad, laboriosidad, limpieza, sencillez, disciplina y racionalidad. Por otro lado, también hallaron ciertos aspectos negativos en la sociedad japonesa, pues la sodomía causó horror en los jesuitas. Junto con ello criticaron el suicidio ritual, la falta de sinceridad en sus relaciones, su carácter belicoso, el trato que le daban a los enemigos y la negativa de los japoneses para renunciar al concubinato.

Los jesuitas y su incorporación a la sociedad japonesa

El proceso de adaptación de los jesuitas fue complejo, pero de cierto modo estaban maravillados por una sociedad cuyos valores morales resultaban casi ideales. Por ello, pese a las discrepancias de ciertas costumbres decidieron valorar los aspectos positivos mientras llevaban a cabo su misión que no era precisamente europeizar y/o evangelizar Japón, sino que deseaban salvar las almas de los japoneses.  Esta estrategia tuvo un gran éxito en la isla de Kyūshū, donde muchos daimios locales se convirtieron al cristianismo. Algunos se adhirieron a la fe cristiana de verdad, pero otros lo hicieron sencillamente en beneficio del comercio con la esperanza de atraer a los portugueses a sus puertos. Al final, lograron una gran cantidad de seguidores que trajo consecuencias y conflictos políticos debido a que los daimios que se convirtieron a la fe tenían mayor éxito comercial y por ello, ganaron poder en contraste con otros daimios que se debilitaron. Fue así como los jesuitas se vieron envueltos en luchas sangrientas entre los señores feudales de Kyūshū. Sumado a ello, los jesuitas pasaron a tener control del puerto de Nagasaki durante siete años, por lo que tenían una participación indirecta en los conflictos.

Los jesuitas y la visita de Francisco Javier a Kioto

Los jesuitas sabían que no era posible realizar su labor solo si se quedaban en Kyūshū con el gobierno local, por ello Francisco Javier viajó a Kioto con el fin de estrechar relaciones con el Gobierno central. En ese tiempo había ciertos disturbios en la capital, pese a ello, Oda Nobunaga (1534-1582) pronto entabló amistad con los jesuitas. Esto tenía fines políticos, ya que el gobernador buscaba tener noticias sobre las tierras extranjeras y le alegró encontrar aliados que pudiesen ser una buena fuente de información. Además, Oda Nobunaga coincidía con los jesuitas en su oposición al budismo y con su deseo de mantener el comercio extranjero. Por su parte, Hideyoshi (1537-1598) coincidía con lo anteriormente expuesto y a su vez sentía curiosidad por la religión extranjera. También le gustaba vestir ropas portuguesas y portar un rosario. En una ocasión afirmó que la única razón para no convertirse al cristianismo era la monogamia.

Inicio de los conflictos

Los jesuitas tuvieron éxito, de tal modo que Hideyoshi contó con la ayuda de la organización para someter las islas de Kyūshū y Honshu. No obstante, esta era una falsa idea de poder que Hideyoshi les dio a los jesuitas, ya que, si bien daba la impresión de haberlos acogido y de otorgarles ciertos privilegios, lo cierto es que el Gobierno central no le daba privilegios a ninguna orden religiosa en particular. En otros términos, los jesuitas podían practicar su religión, más no tenían poder político. Hasta ese momento, todo iba bien, no obstante, los jesuitas dieron indicios de formar una coalición de daimios cristianos, la que nunca llegó a consolidarse. Sin embargo, Hideyoshi al ver las intenciones iniciales de los jesuitas, en 1587 promulgó un decreto para expulsar a los sacerdotes, aunque no aplicó el decreto ya que no se sentía del todo amenazado y quería mantener el comercio con el exterior.
comercio con el exterior

Ilustración 3 Comercio en los puertos de Japón con el exterior.

Este roce inicial no trajo consigo mayores consecuencias, al contrario, el estilo occidental se popularizó entre la gente y predominó en el arte. Esto fue una moda pasajera, no obstante, algunos productos llegaron a Japón para quedarse como, por ejemplo, el tabako, pan y karuta (naipes). Otro aporte de los portugueses fue el tempura. Un plato japonés que consiste en verduras y pescado frito rebosado.

La llegada de otros europeos

Los conflictos, las diferencias religiosas y culturales no parecieron afectar por completo las relaciones con los portugueses y los roces que habían ocurrido quedaron en el pasado. Sin embargo, la llegada de otros europeos complicó la situación. En 1587 llegaron los primeros españoles desde Filipinas y junto a ellos, en 1592 llegan los franciscanos desde Manila. A principios del siglo XII también llegaron protestantes que provenían de Holanda e Inglaterra. Si bien las relaciones comerciales resultaban atractivas, la proliferación de extranjeros resulto ser preocupante pues las diferentes naciones competían por el control del comercio japonés. Por un lado, los holandeses e ingleses sembraron sospechas sobre sus rivales católicos. Por otro, los japoneses no eran ajenos al papel colonial e imperialista que desempeñaban los españoles en Filipinas, por lo que no descartaban la posibilidad de que tratasen de hacer lo mismo en Japón. Otro factor relevante que alertó a los japoneses fue que el catolicismo pudiese poner en peligro la estabilidad interna del país.

Jesuitas y Franciscanos: una amenaza al orden social tradicional japonés

Los jesuitas y Franciscanos llevaban a cabo sus labores de forma diferente. Mientras que los jesuitas realizaron sus misiones dentro de los límites de la sociedad y los valores japoneses, los franciscanos trabajaron con menos discreción al desconocer la situación de Japón. En lugar de asociarse con los samuráis, ayudaban a los pobres y olvidados. Esto generó una rivalidad entre los portugueses y españoles que agravó las circunstancias.

Ilustración 4 Crucificados en Japón.

Finalmente, en 1597 Hideyoshi crucificó a seis misioneros franciscanos y a dieciocho japoneses que adoptaron la fe cristiana, esto ocurrió luego de que el piloto de un galeón español que encalló en la costa de Japón alardeara sobre el poder y las ambiciones de su rey. Ieyasu, el fundador del shogunato Tokugawa, en un inicio se mostró amistoso con los cristianos, pero terminó por ponerse en su contra después de ver los estragos que los extranjeros estaban causando. En 1606 declaró ilegal el cristianismo en Japón y en 1614 inició una campaña para expulsar a los misioneros.

Persecución del cristianismo en Japón

La persecución del cristianismo en Japón fue lenta y dolorosa. Para 1614 había más de 300.000 japoneses convertidos. Las torturas, como colgar un hombre boca abajo con la cabeza dentro de un hoyo lleno de excremento, eran medidas de presión para que la gente renunciara a la fe cristiana y/o católica. El Vaticano en ese tiempo reconoció más de 3.000 mártires de los cuales solo 70 eran europeos.

Ilustración 5 Persecución del cristianismo

Críticas al cristianismo

Los japoneses criticaron duramente al cristianismo, pues no entendían por qué Dios, al ser omnipotente y bondadoso, tentó a Adán y Eva, además tampoco comprendían porque condenaba a las personas que no eran cristianas al infierno pese a llevar una vida ejemplar.  Otros argumentos que alertaron a los japoneses fueron la amenaza que suponía el cristianismo para su orden social y político junto con exigir la abolición de tradiciones muy valoradas por los japoneses. Por ende, la razón principal para reprimir el cristianismo no fue religioso, sino que el Gobierno estaba preocupado de destruir una doctrina que resultaba peligrosa para el orden imperante del país y sus tradiciones. Además, en ese periodo se criticó la figura del emperador, quien era venerado por ser un descendiente de Amaterasu, lo cual para los católicos y cristianos resultaba ser una creencia pagana.

Cierre al Occidente

Después de erradicar en su mayoría el cristianismo, Japón consideró que no solo la influencia religiosa era perjudicial, sino que también todo lo que provenía del extranjero, incluido el comercio. Así, en 1624 Japón expulsó a los extranjeros y en 1630 se les prohibió a los japoneses abandonar el país, y aquellos que se habían ido ya no podrían volver. Los ingleses se vieron obligados a abandonar los puertos y los únicos que lograron mantener relaciones comerciales con el país fueron los holandeses, quienes fueron trasladados a una isla artificial ubicada en Nagasaki. Los holandeses fueron confinados allí y una vez al año se le permitía visitar Japón solo para rendir culto al emperador. Este fue lo único que permaneció de Europa en el país del sol naciente tras el cierre definitivo de Japón que duraría casi tres siglos.

El cristianismo en Japón en la actualidad

Pese a la erradicación “absoluta” del cristianismo, quedaron seguidores de esta doctrina. Es más, las creencias cristianas pasaron de generación en generación incluso cuando el país cortó toda conexión con Occidente, no obstante, en el traspaso de estas creencias se perdió parte de la historia y contenido de estas doctrinas, por lo que el cristianismo que se heredó distó mucho de parecerse al cristianismo que llegó con Francisco Javier. Actualmente en Japón hay creyentes que practican con libertad tanto la fe cristiana como la católica.

La historia muestra que Japón y Europa no estaban preparados para encontrarse en esos momentos, pues no había una tolerancia transparente de ambas partes. Este encuentro dejó marcas profundas en Japón pues hasta el día de hoy la sociedad japonesa se conoce por ser un círculo cerrado. Sin embargo, con el paso de los años el país cada vez se muestra más abierto al mundo occidental y viceversa. Sin duda, el paso el cristianismo en Japón caló muy hondo en la historia de este país. Fuente: Leupp, Gary P. (1995). Breve historia de la civilización japonesa. Ediciones Bellaterra. 

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