Soy Fan de una Banda Japonesa: Quinta Parte

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¿Qué anda haciendo Levi en Japón? ¿Te perdiste el inicio de la historia? Revisa la primera parte de las crónicas de Levi en el país asiático donde luchará contra el imperio con tal de ver a su banda japonesa favorita.

Tokyo Dome City donde tocaría la banda japonesa
Tokyo Dome City Attractions. Fotografía de Hola Japonés.

No estábamos preparadas para caminar más que Frodo

Ese día caminamos mucho. Pasamos al lado del nuevo estadio que estaban construyendo para las Olimpiadas de Tokio 2020 (que finalmente, se suspendieron por el COVID-19). Caminamos tanto que pensábamos que el GPS de nuevo nos estaba trolleando, pero no. El Tokyo Dome en verdad estaba muy lejos.

De pronto, comenzamos a ver más espacio hacia adelante. Ya no había tantos edificios y se podía respirar algo más en el ambiente. La calle pasó de ser recta a ser curva y ahí estaba. La entrada al Tokyo Dome City.

Yo me llevé una gran sorpresa. No tenía idea que el Tokyo Dome era como lo que sería el Movistar Arena en el Parque O’Higgins con un Fantasilandia al lado. Había que caminar otro ratito por dentro de esta “ciudad” para llegar al Tokyo Dome.

Preparando el ambiente para el concierto de nuestra banda japonesa

Pensé que adentro ardería en fanáticos esperando el concierto de mañana, o que habría efervescencia ambiental con uno que otro merchandizing de JapoBand, o que estaría lleno de guardias impidiendo a la gente acampar. Bueno, en realidad no… sabía que esto no pasaría en Japón, pero mi imaginación lo veía de todas formas.

Al mail nos habían llegado nuestras entradas. Eran unos mugrosos códigos QR. Yo recuerdo que antes (en este momento siento cómo mi carnet cae y se aleja de mí… ¡adiós amiguito!) las entradas al cine eran bellas. Para qué hablar de las entradas a conciertos. Hasta las entradas para partidos de fútbol eran algo más guardable y coleccionable que este ecológico y sustentable código QR.

Bueno, habíamos cumplido la misión de conocer el Tokyo Dome y ya sabíamos cómo llegar al día siguiente para ver a nuestra banda japonesa. El resto de la tarde fue de paseo, comida y hablar de cómo sería de increíble el día de mañana, lo mucho que esto cambiaría nuestras vidas y qué pensábamos hacer para poder luego lidiar con nuestra triste existencia después de haber vivido el abrumador síndrome del Everest (el vacío existencial después de haber alcanzado la cima del mundo).

Caminar por todas partes y a cualquier hora

Volvimos caminando. Yo estaba feliz con esta caminata porque Pokémon GO me había contado 33,3 km en un día. Por fin iba a hacer los 50 km que me pedía para el premio de la semana. En Santiago sólo lo había logrado 2 veces, pero en Japón lo logré todas las semanas que estuvimos ahí. Recuerdo que esa semana en particular, caminé 100,9 km.

Ahí es cuando algunas cosas a las que uno se acostumbra, se vuelven extrañas ante otra realidad. Allá pudimos caminar 4 mujeres de todas las edades por todas partes a cualquier hora. Literalmente, a cualquier hora. Lo máximo que nos pasó fue que nos miraban más de la cuenta porque aún siguen siendo pocos los extranjeros que se ven en las calles. La población inmigrante trabaja mucho en la construcción y en los konbini y no son pocos. Me refiero un poco más a la población turística, que sólo se ve con más frecuencia en lugares más visitados y no tanto en las calles caminando al Tokyo Dome.

El tercermundismo de un país en vías de desarrollo difícilmente se verá enfrentado a esta realidad si no se vive y se disfruta de los verdaderos privilegios sobre los que ellos descansan. Da un poquito de envidia poder estar tan seguro y tranquilo.

En fin. Ya era hora de dormir. ¡Mañana veríamos a JapoBand!

Continuará…

@Levi

*Algunas romanizaciones fueron simplificadas con el propósito de facilitar la lectura.

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